lunes, octubre 20, 2008

Cumbemayo, el Ombligo del mundo y el mío

A fines de setiembre recibí la visita de Andy en Perú, amigo que conocí poco en Kenia en el 2006, primero en una clase de tambores y luego en el Club de buceo. En este viaje me llegué a conocer un poquito más a mi misma. Ser el lazarillo de otro no es sencillo, es una experiencia que te ayuda a saber qué significa estar en los zapatos del otro, toda una prueba, la cual reprobé varias veces.

Comenzamos en Cajamarca, tierra de mis padres, mis abuelos, muchísimos y desconocidos tíos, primos y sobrinos. Otra vez, como en 1996, subí al Cumbemayo caminando. Subimos en grupo y cuando llegamos granizó mucho. De regreso el grupo se dividió en dos y nos perdimos, pues por tomar un atajo, terminamos al lado de quebradas profundas que teníamos que bordear para poder pasar. Perdí un zapato y Milko me dió el suyo y se puso una bolsa en el pie para caminar.
Esta vez, 12 años después, ya no tenía ni a Milko, ni a Adri, ni a Bebé, ni a mis primas queridas a mi lado, sino a Andy y dos simpáticos guías. Fue duro, tuvimos que parar varias veces aunque brevemente y tuve mucho frío. No me habia percatado que caminar14 kilómetros a 2700 metros no es broma, que llegaríamos a 3600 y luego tendríamos que regresar de bajada. La rodilla sufrió más de lo debido y el ego también.

La siguiente parada sería Cusco, el Ombligo del mundo. Estuve allí hace un mes, el sol, el cielo azul y las ruinas por todos lados bien valen la pena. Subimos a pie el camino a Saccsayhuamán, para ser recompensados con la grandiosidad de la vista de "los dientes del puma", la forma de la ciudad imperial del Cusco. Al día siguiente, sin guía ni tour, nos dirijimos a Puca-Pucará, Tambomachay en una combi de la empresa "Huerto" que la tomamos en la calle Pututi. Para Pisac, nos paramos en el camino y tomamos un bus local, lleno de gente. Un lindo trayecto con una bebé que no dejaba de hacer ruidos graciosos, mirar a Andy y sonreir. En Pisac, almorzamos en un lugar ¨barato¨ según nuestra libro Rough guide. De esperarse entonces, no fue nada barato, el sabor pasable o hasta feo, tal vez al gusto gringo. De allí comenzamos una subida fuerte, Renato en mi espalda y Andy atrás mío. Poco a poco, escalera por escalera, meditación activa. Esta caminata fue más dura, Andy parecía en una constante batalla consigo mismo y yo, en una con mis pensamientos. Por un momento sentí que nos habíamos perdido, hasta que vimos a una chica de Edimburgo bajando y otro turista pasando. Luego ya no veríamos a nadie más, estábamos bien arriba, bien lejos de todo y sin transporte para regresar a Pisac y luego a Urubamba.

En Urubamba lo mejor fue ir al mercado en domingo y tomar jugo de frutas con yapa. El sol quemaba afuera. Al día siguiente tomamos un taxi colectivo a Ollantaytambo y Andy enfermó. Cuidé de él. Le dí antibióticos y al día siguiente mejoró. El sueño de leer Harry Potter en el tren a Machupicchu quedó allí, en un sueño. Yo quería regresar a Lima, estar con mis hermanas y olvidarme de él, del viaje, regresar al día en que conversamos y decirle que no venga. No puedo retroceder el tiempo. No puedo cambiar este ombligo que tengo.

Los últimos días del viaje llovió mucho en Aguas Calientes y Machu Picchu, caminamos a Intipunki, subimos al Waynapicchu y exploramos las ruinas. Bajando de Intipunku, luego de la lluvia, aparecieron dos arcoiris, fue mágico. Le mostré a Andy el segundo arcoiris y tomamos la misma foto. Ahora él ha tomado los créditos de esta belleza. Está demás reclamar. Mi trabajo está hecho. Ahora regresaré a mi ombligo y a ver qué encuentro. Paz.

No hay comentarios.: